martes, 6 de noviembre de 2012

BASICAMENTE EL EVANGELIO


Hay cinco conceptos clave que todo Protestante deben asimilar si han de entender la doctrina reformada (y de la Biblia) de la justificación.

En primer lugar, el cristiano es simul Iustus peccator et. Esto es famosa frase en latín de Martín Lutero, que significa “Al mismo tiempo, justificado y un pecador.” El Catecismo poderosamente nos recuerda que a pesar de que estamos bien con Dios, todavía violamos sus mandamientos , sentimos el aguijón de la conciencia, y la batalla contra el pecado que mora en nosotros. De este lado de la consumación, siempre vamos a ser santos pecadores, miserables justos, y en ocasiones incluso en egoísta justificado. Dios no nos absuelve de nuestra culpabilidad en base a nuestras obras, sino porque confiamos en “aquel quien justifica al impío” (Rom. 4:5).

En segundo lugar, nuestra posición ante Dios se basa en una justicia ajena. 
 
Esto significa que somos justificados por una justicia que no es la nuestra. No estoy bien con Dios a causa de mi justicia, sino porque “la perfecta satisfacción, la justicia y santidad de Cristo” me han sido acreditadas a mí.
 
Nosotros no contribuimos en nada a nuestra salvación. El nombre por el que todo cristiano debe ser llamado es “El Señor es nuestra justicia” (Jer. 23:6).

En tercer lugar, la justicia de Cristo es nuestra por imputación,
 
no por impartición. Es decir, no somos hechos santos, o impregnados de bondad como si lo poseyéramos en nosotros mismos, sino la justicia de Cristo es acreditada a nuestra cuenta.

Cuarto, somos justificados por la fe solamente.
La fe evangélica siempre ha sostenido que “todo lo que tiene que hacer es aceptar el don de Dios con un corazón creyente.”
Es cierto, la fe que justifica debe manifestarse en buenas obras. Eso es de lo que trata Santiago 2. Pero estas obras sirven como pruebas de corroboración, no como la base de nuestra justificación. Somos justificados por la fe sin las obras de la ley (Rom. 3:28; Tito 3:5).
El evangelio es “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:30-31), no “creer en el Señor Jesucristo y coopera con la gracia transformadora y serás salvo.” No hay nada que contribuir para nuestra salvación, sino nuestro pecado, no traemos mérito sino el de Cristo, y nada necesario para la justificación excepto la sola fe.

Finalmente, el Catecismo explica que la fe es sólo una causa fundamental para nuestra salvación.
En otras palabras, la fe no es lo que Dios ve aceptable en nosotros. De hecho, estrictamente hablando, la fe misma no justifica.
La fe es sólo el instrumento por el cual abrazamos a Cristo, tenemos comunión con El, y compartimos sus beneficios. Es el objeto de nuestra fe lo que importa. 
Cree en Cristo de todo corazón, pero no pongas tu fe en tu fe.
 
Así que asegúrese de descansar en Cristo Jesús y no en su fe en él. Sólo Él es el único que murió por nosotros y resucitó para nuestra justificación. Crea esto, y usted también será salvo.
 
Adaptado del Evangelio segun Jesucristo

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