martes, 13 de noviembre de 2012

Mecanismos de manipulación en las iglesias


¿Como se? si soy victima de una iglesia manipuladora.

 La manipulación en las iglesia es una realidad que muchos hemos observado pero poco se ha analizado.

 Manipular  les surge a los hombres de sus entrañas, no necesita esforzarse para lograrlo esta en el corazón humano desde su caída en Edén, todos hacemos uso en mayor o menor medida de este habito humano consiente o inconscientemente.
Es una realidad que muchos hemos observado pero poco se ha analizado. Por eso me permito resumir algunos aspectos del problema, sin pretender agotar el tema.

 En sentido literal, según el Diccionario de la Real Academia, «manipular» significa «operar con las manos o con cualquier instrumento (»algo así como «manosear»).

En su sentido que nos interesa, se define como «acto de intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros en la política, en el mercado, en la información, etcétera, con distorsión de la verdad o la justicia y al servicio de intereses particulares sectoriales o personales.

Esencial al concepto es el irrespeto a la persona, y al derecho o la autodeterminación de su víctima, como a su libertad.

Manipular es jugar con el pensamiento, sentimiento y conducta de otras personas, tal vez alguno ignora que este tipo de “ayudita! En las cosas del señor. Es pecado, y produce débiles conversiones, al estar basadas en ayuditas humanas  en vez del poder de la palabra de Dios.

 Vivimos en una cultura de manipulación

 Un buen punto de partida puede ser un análisis psicológico del fenómeno de la sugestión.

Aquí el sentido de «sugestionar» que nos interesa es el proceso psicológico mediante el cual una persona busca dominar la voluntad de alguien, llevándolo a pensar o actuar de determinada manera (Real Academia; Wikipedia).

Según La guía de psicología, «la sugestión es un estado psíquico provocado, en el cual el individuo experimenta las sensaciones e ideas que le son sugeridas y deja de experimentar las que se le indica que no sienta.


Las formas extremas de la sugestión son el hipnotismo y el lavado de cerebro.

Pero una forma mucho más común, que permea toda nuestra sociedad moderna, es la propaganda, tanto comercial como política, a veces subliminal (inconsciente; «por debajo del umbral de la conciencia»).

La propaganda nos evoca, con tremenda sutileza, las ¡ganas! de comprar cosas que no necesitamos para nada.


Adolfo Hitler, junto a su ministro de propaganda, Paul Joseph Goebels, perfeccionó la ciencia de la propaganda y logro conducir al mundo a la guerra, operando cosas como estas;

 "Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad".

“Miente, miente, que al final algo quedará... ...cuanto más grande sea una mentira, más gente lo creerá..." Joseph Goebbels, ministro de Propaganda nazi.

El mandamiento de Jesús: «Mirad, pues, cómo oís» (Lc 8.18; Mr 4.24)1, nos impone el deber de permanecer alertas y no dejarnos engañar por ninguna propaganda, con apariencia de “información”


Pastores manipuladores

 Cuando uno se despierta a estas realidades, comienza a ver que en las iglesias también se practica sugestión, métodos de propaganda y técnicas  hipnotizantes, dice un famoso hipnotista Argentino que es parte de la comunicación, por ejemplo un buen vendedor la usa, así también un elocuente orador.

A veces una prolongada repetición rítmica de determinada frase, a gritos o con variaciones de tono, produce su deseado resultado de una “histeria” colectiva.

Por otra parte, sirven como ejemplo las maratónicas de TV Enlace son un constante uso de  sugestión. ¿Cómo es posible que en cada maratónica, los locutores y predicadores puedan anunciar invariable y repetidamente que «hay una tremenda unción aquí, o se siente poderosamente la presencia de Dios aquí»?

Cabe la sospecha legítima de que es más bien sugestión, o inducir el pensamiento del televidente con miras a crear la impresión de algo misterioso y maravilloso para que la gente envíe sus ofrendas.


Otra forma de manipulación bastante común en muchas iglesias es el chantaje, consiste en emplear promesas o amenazas de juicio para someter o manejar a las personas. En el sentido más amplio, «el evangelio de las ofertas» y «la teología de la prosperidad», cuando se emplean para provecho personal (que ocurre muy frecuentemente), califican como chantaje o extorsión.

Casi siempre estas promesas y amenazas apelan al egoísmo, diciendo si da se le multiplicara o si no da caerá en la miseria como cuando se «profetiza» un gran futuro de fama y éxito para personas inseguras («serás el Billy Graham del siglo XXI»). Muy comúnmente estas promesas producen confusión en sus víctimas y les provocan mucho daño, además de sacarlos de la realidad.


Intimidar a la gente

 Muy relacionada con estos chantajes es la intimidación, cuya expresión más grave son las frecuentes maldiciones que se lanzan contra las personas. Estas maldiciones son el colmo, el acabose, del chantaje:

¿Robara el hombre a Dios? o si sales de esta congregación quedaras excluido del reino, a merced del diablo y otras muchas.

Por falsas que sean, estas mal, y ejercen una tremenda fuerza para infundir terror y puede  arruinar la vida de las personas

Muy generalizada en nuestros días es la teología de la sumisión incondicional, una teología de la autoridad absoluta (del apóstol, profeta o pastor) que condena y prohíbe toda crítica.

Es un autoritarismo a ultranza más cercano a la curia romana que al Nuevo Testamento.

Produce pastores que son dictadores, que pretenden controlar (y lo logra) la vida de los creyentes.

Para enamorarse, casarse, comenzar un plan de estudios (o dejarlo), aceptar un empleo (o rechazarlo o renunciar a él), para todo se necesita el “visto bueno” del soberano pastor (apóstol, profeta).


El texto sagrado para este movimiento autoritario, que ahora aparece por todos lados, es Mateo 7.1: «no juzguéis, para que no seáis juzgados». Otras maneras sagradas son «no toquéis al ungido del Señor» o la murmuración de Miriam y la lepra con que Dios la castigó, un tema muy de moda y recurrente en sus enseñanzas entre estos ungidos es el ¡espíritu de Absalón!

Cuidar el testimonio

 Se olvidan que Mateo 7.1 condena la criticonería de los fariseos, que pretendían juzgar a los demás sin ser juzgados ellos, que juzgaban la paja en el ojo ajeno sin reconocer la viga en su propio ojo (7.3–5; cf. Ro 2.1)

Lejos de prohibir la crítica sana y responsable, en seguida el pasaje nos llama a guardarnos de los falsos profetas, lobos vestidos de ovejas (7.15) y a conocer a todos por sus frutos (7.16–20), no por su palabrería espiritual (7.21–23). Según Juan 7.24 Jesús nos manda «juzgar con justo juicio» (cf. Lc 7.43; cf. 12.57); a los corintios, San Pablo les exhortó a «juzgad vosotros mismos» (10.15; 11.13) y les avisa que «el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie» (ni de «apóstoles» ni de «profetas»; 1Co 2.15; cf. 1Jn 2.27).

Con la supresión de la sana crítica, estos líderes se aseguran un espacio casi ilimitado para manipular a sus feligreses, y así amoldarlos a sus propias costumbres que propician sus propios intereses o proyectos.

Dato curioso es que estos líderes (profetas, «apóstoles»), al igual que los fariseos, se atribuyen la más amplia libertad para criticar a otros, sin permitir que otros los critiquen a ellos, con astucia comentan periódicamente desde el pulpito sobre la “otras” iglesitas” acarreando agua para su molino y en ocasiones adulándose así mismos y a  miembros de su propia familia, recordando sus hazañas trabajo o logros personales, así construyen poder o mitología familiar.

 El camino más difícil

 Pensar con cabeza propia es a veces arriesgado e incómodo, por lo que, en la confusión de los cambios rápidos de nuestra época, muchas personas buscan la seguridad en autoridades que piensen por ellos. Pero eso no es sano y no es la voluntad del Señor.

El autoritarismo no ofrece ningún futuro.

La supuesta autoridad delegada es un concepto anti bíblico, la verdad es que si alguna autoridad tenemos es moral fruto de el trabajo en la obra o el  testimonio personal, en realidad la única autoridad reside en las escrituras, cuando la exponemos fielmente estamos declarando una autoridad propia de la escrituras y de quien la escribió, no nuestra, cristo no dejo papas que guíen la iglesia, si dejo un testamento, y son solo las escrituras, que contienen la verdad que fue defendida en muchos casos con sangre por muchos hombres y mujeres reformadores a través de mas de dos mil años.

Una expresión especial de este autoritarismo manipulador es esa supuesta autoridad incuestionable de los «profetas». Casi siempre, estos ministros comunican, con actitud autoritaria, o de “autoridad” afirmando que su profecía es de origen divino y sería pecado cuestionarla.

A menudo la expresión de su cara declara, «yo soy profeta, que no me cuestione nadie». Pero lo bíblico es todo lo contrario: «todos ustedes tienen el Espíritu, juzguemos e interpretemos todos juntos esta palabra que he recibido» ya no tenemos Griegos Escitas ni otro, sino que somos uno en cristo por lo tanto iguales, totalmente iguales, solo diferentes en dones,

(1Tes 5.20–21; 1Cor 14.29). Se repite con mucha liviandad la fórmula «en el nombre del Señor», como si el Señor estuviera a la orden y disposición incondicional de estas personas.

Malos hábitos

 Algunos ejemplos más: Cuando reconocemos nuestra responsabilidad como pueblo de Dios y comenzamos a analizar lo que ocurre en la Iglesia, descubrimos muchos ejemplos de manipulación, algunos inconscientes o por costumbre o ignorancia, pero otros con clara intención de engañar.

Engañoso es el corazón del hombre y perverso ¿Quién podrá conocerlo?

Sabemos que este pasaje nos enseña que ni nosotros mismos podemos saber que esta pensando o induciendo nuestro corazón, Jesús enseña que de él salen todos los malos pensamientos.

Un problema, mayormente sin intención de manipular, es el abuso del Amén inmediato, tan extendido en casi todas las iglesias. Cuando se pregunta, «¿cuántos dicen Amén», se está presionando a la gente a expresar su acuerdo con lo expuesto, con lo que se reduce su posibilidad por falta de tiempo de discrepar o aun de asentir espontáneamente.

Es una táctica para inducir al asentimiento artificial. Hoy día «la cultura del amén» produce mucho daño a la iglesia. A veces uno ve en las congregaciones personas que vocean su «amén» antes de que el predicador haya terminado la frase que está pronunciando.

«Amén» es un signo de exclamación

Igualmente cuestionable es la costumbre de exigir: «repita después de mí» o «diga a la persona que está a su lado tal o cual cosa». O agá esto u aquello.

Es tratar al público como a tontos, incapaces de pensar con su propia cabeza. A veces llega hasta lo ridículo. Una vez oí a un predicador exclamar «¡Wow¡» y después: «Repitan todos conmigo: ¡Wow!».


Sofocar lo espontáneo

 En la misma categoría ubicaría el «den un buen aplauso para el Señor».

Pero la realidad es si vamos a exclamar «amén», debe nacer con espontaneidad de nuestros corazones, no por manipulación ni por costumbre ciega.


Muchas veces hoy día se emplea música de trasfondo durante el sermón o la invitación final para crear un ambiente o un «mood». Es manipulación evidente y vergonzosa, delante del señor, que no necesita ni nos enseña estas cosas.

 La respuesta debe nacer del poder de la Palabra misma y del Espíritu Santo, no del talento del tecladista o predicador.


Mucho se manipula a la gente durante la invitación evangelística.

Cantar «Tal como soy» treinta y cinco veces buscando la emoción es sugestión y manipulación.
Hace muchos años escuché a un famoso evangelista apremiar: «Levante su mano, nadie lo está mirando, no le voy a pedir nada más»: para luego presionar: «Ahora, no yo, sino el Espíritu Santo, le pide a usted pasar adelante al altar».

Torcer las Escrituras

 Como ejemplo final, es conveniente mencionar cómo se manipulan las Escrituras para que la gente exprese lo que el predicador quiere o lo que ayude más a su sermón. A veces buscamos la traducción más amable o que se ajuste más a nuestro concepto, en vez de la más fiel.

La meta principal de todo sermón, sea doctrinal o evangelístico, no es impactar a los oyentes ni emocionarlos para sacar algún tipo de ganancia humana, sino ser fieles a la palabra de Dios y darles a ellos la oportunidad de oírla, solo eso.

En ese sentido, Bernard Ramm ha escrito: «el ministro debe tratar su texto exegéticamente antes de tratarlo homiléticamente» (Hermenéutica, T.E.L.L. 1976).

Utilizar las Escrituras en servicio del éxito personal u otros intereses es manipular peligrosamente el texto sagrado.

 Conclusión:

 Frente a sus rivales y detractores en Corinto, que desconocían su apostolado y preferían la elocuente retórica de Apolos (1Co 1.12; 3.4–6; 4.6; Hch 18.24–19.1), Pablo no responde desde una posición de poder sino de una impresionante sinceridad y vulnerabilidad: «Cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría…. Estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios». (1Co 2.1–5)


Estas palabras, que llegan hasta la motivación más profunda del apóstol, revelan dos cualidades que deben caracterizar a todo siervo de Dios: humildad e integridad. Ese carácter, y esas actitudes, jamás permitirían una vida de manipulación. Gracias a Dios, ha habido y hay muchos miles de personas cuyas vidas y ministerios son auténticos y fieles..


Con tristeza tenemos que reconocer que los valores del mundo de hoy se han infiltrado en la iglesia, tanto en los predicadores y líderes como en los creyentes en las bancas.

Entre los famosos predicadores, en sus megaiglesias y sus programas de televisión, con todo su éxito, resulta mucho más difícil encontrar los grandes valores espirituales de los gigantes del pasado. Aunque, gracias a Dios, existen excepciones muy notables, muchas (diría que la mayoría) de estas personalidades públicas parecen soberbias, con la arrogancia que les otorga su «éxito».

Muchos también dan la impresión de estar jugando algún papel, más como actores de teatro que como siervos del Señor de señores, autodenominándose “guías” cuando para nada son necesarios ya que la GUIA es la palabra del señor, los pastores son y deben ser los que alimentan el rebaño llevándolos a cristo a través de la escrituras, las que deben conocer y exponer fielmente.


¡Cómo quisiera estar equivocado en este análisis tan poco halagador! Pero es lo que se desprende de la realidad sin ningún tipo de positivismo irrealista sino solo la verdad.


MENSAJES BIBLICOS


Adaptado del evangelio según Jesucristo

3 comentarios:

  1. Sin dudas han distorcionado la palabra bíblica a su maxima expresión para poder sacar dinero y llevar a gente en estado de necesidad a confiar en lo que dice el hombre, deberíamos hacer algo para que mucha mas gente no caiga en estas iglesias que se llaman salvadoras....

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    1. Asi es es Jorge en un pais con tantos pobres es el lugar ideal para que cresca este tipo de vendedores de humo, lo unico que podemos hacer es lo que se nos a mandado, enseñar la verdad, un saludo en cristo.

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