por John Knox
AQUÍ se declara brevemente, en resumen, conforme a las Escrituras,
la opinión que tenemos los cristianos de la Cena del Señor, llamada el
Sacramento del Cuerpo y la Sangre de nuestro Salvador Jesucristo.
Primero,
confesamos que es un acción santa, ordenada por Dios, en la cual el
Señor Jesús, mediante cosas terrenales y visibles puestas delante de
nosotros, nos eleva hacia cosas celestiales e invisibles. Y que cuando
hubo preparado Su banquete espiritual, testificó que Él mismo era el pan
viviente, con el que nuestras almas tenían que ser alimentadas para
vida eterna.
Y por lo tanto, al disponer pan y vino para comer y beber, nos
confirma y sella Su promesa y comunión, (esto es, que seremos partícipes
con ÉL en su Reino); y representa para nosotros, y allana para nuestros
sentidos, Sus dones celestiales; y también se nos da a Sí mismo, para
ser recibido por fe, y no con la boca, ni aún por
transfusión
de sustancia. Sino que, mediante el poder del Espíritu Santo, nosotros,
siendo alimentados con Su carne y refrescados con Su sangre, seamos
renovados a verdadera piedad y a inmortalidad.
Y también que aquí el Señor Jesús nos congrega en un cuerpo visible,
de manera que seamos miembros uno del otro, y hagamos todos a la vez un
cuerpo, en el cual Jesucristo es la única cabeza. Y finalmente, que por
el mismo sacramento, el Señor nos llama a recordar su muerte y pasión,
para avivar nuestros corazones a alabar Su santísimo nombre.
Más aún, reconocemos que este Sacramento debe ser aproximado
reverentemente, considerando que allí se exhibe y se da testimonio de la
maravillosa sociedad y entrelazamiento del Señor Jesús con quienes lo
reciben; y
también,
que allí está incluido y contenido en este Sacramento que Él preservará
Su Iglesia. Porque aquí se nos manda anunciar la muerte del Señor hasta
que Él venga.
También, creemos que es una confesión, mediante la cual manifestamos
qué clase de doctrina profesamos; y a qué congregación nos adherimos; y
asimismo, que es un vínculo de amor mutuo entre nosotros. Y finalmente,
creemos que todos los que vienen a esta santa cena deben traer consigo
su conversión al Señor, mediante sincero arrepentimiento en fe; y en
este sacramento recibir los sellos de confirmación de su fe; empero no
deben pensar en forma alguna que en virtud de esta obra sus pecados son
perdonados.
Y concerniente a estas palabras Hoc est corpus meum, “Este es mi
cuerpo”, de las cuales dependen tanto los papistas, diciendo que
necesitamos creer que el pan y el vino son transubstanciados en el
cuerpo y sangre de Cristo; afirmamos que no es un artículo de fe que
pueda salvarnos ni que estemos obligados a creer so pena de condenación
eterna. Porque si creyéramos que su mismísimo cuerpo natural, carne y
sangre, están naturalmente en el pan y el vino, eso no nos salvaría,
viendo que mucho creen eso, y empero lo reciben para su condenación.
Porque no es su presencia en el pan lo que puede salvarnos, sino su
presencia en nuestros corazones mediante la fe en su sangre lo que ha
lavado nuestros pecados y aplacado la ira de Su Padre hacia nosotros. Y
de nuevo, si no creemos en su presencia corporal en el pan y el vino,
eso no nos condenará, sino más bien su ausencia de nuestros corazones
por incredulidad.
Ahora bien, si objetasen aquí, que aunque fuese cierto que la
ausencia del pan no pudiese condenarnos, no obstante estamos obligados a
creerlo porque la Palabra de Dios dice, “Este es mi cuerpo”, lo que
cualquiera que no crea no sólo miente en sí mismo sino que también hace a
Dios mentiroso, y que por lo tanto nuestra condenación sería no creer
Su Palabra por tener una mente obstinada; a esto nosotros respondemos,
que creemos la Palabra de Dios, y confesamos que es verdadera, pero que
no ha de ser entendida burdamente como los papistas afirman. Porque en
el Sacramento recibimos a Jesucristo espiritualmente, como lo hicieron
los padres del Antiguo Testamento, conforme a lo que dice San Pablo. Y
si los hombres ponderaran bien cómo Cristo, al ordenar este Santo
Sacramento de su cuerpo y Su sangre, habló estas palabras
sacramentalmente, sin duda nunca
las
entenderían tan burda y neciamente, en oposición a toda Escritura y a
la exposición de San Agustín, San Jerónimo, Fulgencio, Vigilio, Orígenes
y muchos otros escritores piadosos.
* Esta breve declaración respecto del Sacramento de la Cena del Señor no tiene fecha, pero puede ser asignada al año 1550.